Mastabas
La primera pirámide construida, la pirámide escalonada de Saqqara, no es sino la superposición de 6 mastabas. Con anterioridad a ellas, los enterramientos simples consistían en una fosa oval o rectangular excavada en la que se enterraba al difunto en posición fetal aunque existía la posibilidad de contratar algo más sofisticado que incluía una pequeña cámara de adobe, revestida de cal, en la que se incluían objetos personales del difunto y recipientes como comida y bebida.
Este era también el enterramiento más frecuente durante el período predinástico. Lógicamente con el tiempo los cuerpos quedaban a la intemperie, por lo que los nobles y reyes de las primeras dinastías introdujeron plantas más sofisticadas con estructuras de adobe que tomaron la forma de un tronco piramidal. Este tipo de nueva construcción dio lugar a lo que hoy conocemos como mastaba. El término es de origen árabe y significa “banco”, y se empleó para designar las tumbas por su parecido con los bancos adosados a las fachadas de las viviendas musulmanas. No se puede hablar de una tipología en cuanto a la construcción de la mastaba. Pero si existen ciertos rasgos comunes que se mantuvieron mas o menos inalterables a lo largo de los siglos y son las 2 zonas independientes de que constaba: la capilla y la cámara funeraria. La mastaba se construía realizando un pozo vertical profundo que daba acceso a la cámara funeraria en la que se incluía el sarcófago y el ajuar del difunto. Posteriormente el pozo se cegaba tras el enterramiento. En la parte exterior de la mastaba se construía la capilla. La capilla inicialmente estaba adosada al muro oriental, pero con el tiempo, y a partir de la III dinastía llegó a convertirse en una especie de vivienda, en la que estaba incluida. Además era frecuente la presencia de un pequeño patio, de un serdab en el que se incluía la imagen del difunto, siempre idealizado, y una o varias salas de ofrendas (se han descubierto mastabas en las que existen 30 salas de ofrendas). El serdab era una sala, normalmente en el lado meridional de la capilla que se comunicaba con esta por medio de una pequeña abertura. Las salas se decoraban con escenas de la vida cotidiana y muy frecuentemente relacionadas con la alimentación y realizadas en bajorrelieves. La estatua estaba identificada con el nombre y los títulos del difunto y se realizaba en piedra o madera. El pozo era una abertura cuadrada de unos 3 metros de lado, abierta normalmente en la techo y que se comunicaba con la cámara funeraria a través de un subterráneo horizontal de menor tamaño. En algunas mastabas el pozo no era vertical, sino con inclinación, comunicándose directamente con la cámara funeraria. En estos caso salía del suelo del patio o del muro oriental en lugar del techo. El brazo horizontal del pozo se cegaba con tierra y el vertical con escombros una vez enterrado al difunto para evitar el saqueo de la cámara funeraria. La cámara funeraria, excavada en la roca, solía ser de grandes dimensiones. En ella se introducía el sarcófago, construido en piedra o excavado en la roca, y el ajuar en el que se incluían alimentos y agua además de un pequeño reposacabezas de madera o alabastro. El material empleado era normalmente la piedra o el ladrillo, aunque en las mastabas más importantes se usaba la piedra silícea recubierta de cal. Hasta el Imperio Nuevo el ladrillo empleado se fabricaba basado en arcilla, arena y piedra, dando lugar a un color amarillento. A partir de entonces comenzó a emplearse un nuevo tipo de ladrillo obtenido con limo del Nilo de color negro. La decoración estaba relacionada con el quehacer diario del difunto, lo cual representa una fuente incalculable de conocimientos de la vida cotidiana y fórmulas religiosas y mágicas para facilitar el viaje del difunto al mundo de los muertos. Además se grababa el nombre del difunto en la entrada y una oración dedicada a Anubis en el arquitrabe y se solía poner una falsa puerta. Esta era una estela funeraria, en forma de puerta, característica de las mastabas del Imperio Antiguo. Representa una puerta ciega delimitada por un nicho en el que se representaba al difunto, normalmente sentado ante una mesa de ofrendas, en un bajorrelieve entre el arquitrabe, las jambas y el umbral. Es una puerta simbólica para que el difunto pudiese realizar sus salidas mágicas que le permitirían el contacto con el mundo de los vivos. El tamaño de la falsa puerta dependía de la importancia de la mastaba; las hay de 50 cm y otras monumentales.








