El empleo de la arcilla

El empleo de la arcilla

La arcilla era empleada por los egipcios en forma de ladrillos de 14 a 38 cms. de lado, por un espesor mínimo de 11 cms. Para facilitar la liga, se incorporaba a la arcilla paja desmenuzada. En la Mesopotamia, Los ladrillos comunes tienen de 30 a 40 cms, de lado, con un espesor que varía entre 5,5 a 11 cms.

Los ladrillos egipcios no conservan ningún indicio de cocimiento, pero al menos la presencia de improntas que son las marcas de fábrica, establece que éstos eran secados antes de utilizarse. El empleo de ladrillos secos implica la interposición entre hiladas, de un material que reemplazaba a nuestra argamasa; los ladrillos egipcios se colocaban sobre una capa de arcilla; en algunas pirámides esa capa de argamasa es reemplazada por una de arena que llena los vacíos con igual eficacia y quizá reparte mejor las presiones. En la Mesopotamia, estos ladrillos, muy parecidos a los egipcios, se usaban como éstos, es decir, secados previamente al sol y puestos luego sobre una capa de arcilla desleída. Pero este método se empleaba excepcionalmente; en la arquitectura Asiria se colocó, de preferencia, el ladrillo al estado pastoso. Este indicio se ha revelado conforme al siguiente descubrimiento: debido a una superstición, los asirios colocaban amuletos sobre las primeras hiladas, y éstos pequeños objetos no han dejado nunca su marca sobre la capa de ladrillos que lo recibía, siempre se han incrustado en la capa que los cubre. De lo expuesto surge que los ladrillos de la capa inferior estaban secos en el momento en que los amuletos eran depositados, y la capa superior estaba en estado pastoso en el momento de ser colocada. Esto permite resumir así el método asirio, diferenciándolo del sistema usado en Egipto. Los ladrillos egipcios se empleaban secos, asentándolos sobre una capa de barro; los ladrillos asirios se colocaban todavía humedecidos. Una vez colocada una capa de ladrillos se seca rápidamente bajo la acción solar, y los ladrillos que la cubren, que han sido colocados blandos aún y sin argamasa, se unen por la acción del resto de agua que contienen. Los asirios recurrían al ladrillo cocido sólo en los casos en que la humedad pudiese disgregar la arcilla: en Khorsabad, tan sólo algunos basamentos fueron recubiertos por ladrillos cocidos. El suelo de los patios, expuesto a las lluvias, se pavimentó con un embaldosado de tierra cocida asentado sobre una capa de betún. Las galerías subterráneas se construyeron con ladrillos cocidos. Aquí se puede precisar mejor que en las construcciones de arcilla blanda, el tipo de ladrillo utilizado mide entre 31,5 cms y 63 cms. de lado. Casi todos los ladrillos llevan, por otra parte, la marca del soberano que los hizo modelar: existe una enorme cantidad de ellos con el nombre de Nabucodonosor. El betún, abundante en Caldea, era una argamasa impermeable, de uso muy difundido. Herodoto indica un método consistente en el empleo de capas aisladoras que consistían en lechos de juncos embebidos en betún. Las ruinas caldeas de Tello conservaban restos de materia filamentosa en las capas de betún que hace las veces de argamasa. También en las ruinas caldeas de Birs-Nimrud y de Kars hay presencia de argamasa de cal: en Mugheir, una argamasa de cenizas y de cal. En resumen, el ladrillo cocido sólo fue admitido sistemáticamente en Babilonia, acompañado del mortero, que permite utilizarlo en forma corriente y regular. 3ª simetría: Nótese las medidas similares de los ladrillos de ambas civilizaciones, lo que representa no la igualdad por sí misma de la dimensión, sino que de la utilización de los mismos luego surgirán las proporciones de las construcciones que los tendrán como medida patrón. También hay coincidencia en la forma de hacer la primer hilada, luego los asirios proceden distinto ya que prefieren colocar los ladrillos en estado pastoso. Además, tanto egipcios como mesopotámicos utilizan la argamasa o mortero. En Egipto de manera corriente ya que los ladrillos se secaban al sol. En Mesopotamia, cuando éstos eran cocidos.