Crecimiento progresivo de los templos
Un templo egipcio no se terminaba nunca: una vez organizado en su esencia, otro
soberano transformaba los patios en salas cubiertas, construía delante de las salas
otros patios, precedidos por nuevos pilonos: mediante estas constantes ampliaciones
el templo adquiría la aparente complejidad y las dimensiones de un conjunto como el
de Karnak que ocupa más de tres hectáreas.
La figura 28 S, templo del sur, en Tebas,
muestra al plan reducido a sus dimensiones primordiales: el santuario con las
dependencias que le rodean y que están adosadas a él; la gran sala; el patio que le
antecede, y el pilono.
En M (Medinet-Abú), tres grandes salas se escalonaban con profundidad y el patio
mismo está precedido por un ante patio construido posteriormente.
En E (Edfú), vemos la gran sala duplicada, con la modificación ptolomeica que
consiste en reemplazar el frontispicio en forma de muro por una columnata.
En la figura 29 se exponen en paralelo los dos templos más grandes de Egipto y quizá
del mundo entero, oscureciéndose en planta, el contorno de las sucesivas etapas de
la construcción.
El plano L presenta el templo de Luxor con sus ampliaciones sucesivas y las irregulares
de su trazado.
Se distinguen en M el santuario primitivo y la sala que lo acompaña, que fue
sucesivamente duplicada, luego triplicada y precedida por un patio con pilono.
Delante del pilón P, que constituyó en una determinada época la fachada del
edificio, se desarrolla una galería oblonga O: probablemente parte de una sala
hipóstila cuyas naves colaterales proyectadas no llegaron a construirse. Delante de
esta sala inconclusa, un patio R, cuya desviación se explica por el obstáculo opuesto
por el curso del Nilo. Siguen luego un segundo pilono S, dos obeliscos y una avenida
de kerioesfinges. El último patio es obra de Ramsés II
El conjunto de karnak, cuyas masas están indicadas en el plano K (figura 29) es una
obra más compleja y modificada aún. El núcleo remonta por lo menos a la 12ª dinastía
y los ensanchamientos sucesivos pertenecen a las grandes dinastías tebanas. Las
nuevas construcciones desbordaban a derecha e izquierda de las anteriores: Tutmés III
duplica el muro de cintura para enlazarlo con el nuevo pilono y eleva en T el pórtico
conocido con el nombre de paseo. Amenhotep III agrega al templo un cuarto pilono
D; Ramsés I eleva el quinto, F y Seti I emprende la transformación en sala hipóstila del
patio E, comprendido entre esos pílonos. Seti I y su sucesor Ramsés II comparten el
honor de haber construido esa sala; la obra arquitectónica más importante que exista:
tiene más de 100 m de ancho, 23 m. de altura. Una idea más cabal de Karnak puede
ser representada si se imagina alrededor del grupo central: capillas aisladas que son
verdaderos templos, estanques sagrados; avenidas laterales, las portadas alternan con
avenidas de esfinges o de carneros. Una de esas avenidas de 2 kms. de largo, une al
templo de Luxor con el de Karnak.
Junto a esos templos gigantescos se pueden citar al Rameseum, monumento de
Ramsés II; Medinet-Abú: obra de Ramsés III; Philae y Esneh, de fundación más antigua, pero cuyas construcciones subsisten, pertenecen a las épocas ptolomeica y romana:
esos templos son otros tantos edificios desarrollados a la manera de Karnak.
Los anexos de los templos
Las construcciones anexadas comprenden en primer término, los locales de servicio
agrupados en torno al santuario, con frecuencia un patio interior forma el centro de
esas dependencias.
En Denderah, entre las ruinas, se han descubierto escondrijos disimulados en el espesor
de los muros para preservar de la rapiña los objetos del culto.
También se aprecian las construcciones consagradas en apariencia a impartir la
enseñanza, equivalentes a las escuelas o “madrizas” que integran las mezquitas
musulmanas.
Finalmente, como exigencia de una época en que no se conocía el uso de la
moneda, depósitos destinados a recibir ofrendas y las contribuciones en especie. En la
parte posterior del Rameseum existe todo un sector ocupado por largas galerías
abovedadas en medio cañón y vinculadas entre sí: son los depósitos donde se
acumulaban esos tributos y ofrendas. El templo constituía una especie de ciudad
donde se agrupaban en torno al recinto del Dios los alojamientos de los sacerdotes y
los “tesoros” circundados por un muro de ladrillos que les daba aspecto de ciudadela.








