Arquitectura funeraria en Mesopotamia
En Súmer, los muertos eran frecuentemente enterrados en el piso de sus casas; más tarde los llevaban a las necrópolis, encerrados en ataúdes de madera, de piedra, o de barro cocido. La arquitectura funeraria, tan desarrollada en Egipto, se manifiesta en Caldea sólo por algunas necrópolis como las de Warka y Mugheir; con cámaras sepulcrales, y túmulos donde los cadáveres se amontonan encerrados en sarcófagos de alfarería; los túmulos son simples acumulaciones de piedras provistos de un drenaje; no hay ninguna decoración.
En Asiria la arquitectura funeraria no ha dejado rastro alguno. Se ignora hasta la forma de tratar los cadáveres. Análisis y Conclusión II Como planteáramos en nuestra hipótesis, para entender la abismal diferencia de la Arquitectura funeraria entre Egipto y Mesopotamia, se debe abordar la distinta concepción que del “Mas allá” tenían ambas civilizaciones. El egipcio creía que el alma vive en los alrededores del cuerpo, el difunto era rodeado del ajuar funerario y de ushebits (pequeñas estatuillas cuya función era sustituir al difunto en los trabajos que este debía realizar en el Más Allá ) que son sus dobles y sus ayudantes en la otra vida, por que tienen el poder de animar lo inanimado. Para el egipcio hay posibilidades de felicidad en la otra vida Si se analiza la creencia egipcia, además del cuerpo, el hombre se componía de 2 elementos espirituales, el ba, concepto similar al alma (El ba vivía en la tumba, dentro del cuerpo del difunto, pero puede libremente moverse en el mundo interior durante el día y regresar a la Tierra, no así el Ka que permanece en la tumba. Representa el movimiento frente a la inmovilidad del Ka, y es el responsable de los actos morales del ser humano en su vida en la Tierra. El Ba se representaba como un halcón con cabeza humana, normalmente volando sobre el cuerpo momificado del difunto o entrando y saliendo de la tumba a voluntad, destacándose la característica de libre movimiento A través del concepto del “Ka” se puede comprender mejor la obsesión de los egipcios por asegurar la eternidad de sus construcciones y dotarlas de todos los elementos necesarios para el logro de la felicidad en la vida eterna. El Ka se origina en el mismo instante del nacimiento del ser humano y viaja con él hasta el momento de la muerte material que era cuando el difunto “encontraba su ka”. La muerte representaba la separación del elemento corporal y los espirituales. Pero el Ka no puede sobrevivir sin la presencia del cuerpo, de ahí el esmero y dedicación puestos en el proceso de momificación. Si el cuerpo se descomponía, el ka moriría y el difunto perdería su oportunidad de asegurarse la vida eterna. Además para mantenerla había que satisfacer todas las necesidades que el difunto había tenido en vida, así como comida y bebida, y esas necesidades debían ser atendidas dentro de un tipo arquitectónico determinado que va evolucionando en el tiempo a medida que los egipcios fueron enriqueciéndose y su estructura social se hizo cada vez más compleja. Así es que los miembros más importantes de la comunidad fueron adoptando una tumba monumental y la dotaron de los más ricos ajuares que representaban la categoría que éste había tenido en vida. De los simples enterramientos pre-dinásticos se pasará a las mastabas de la I Dinastía hechas de ladrillos secados al sol . En la III Dinastía ya se emplea la piedra. El Imperio Antiguo se distinguirá por las pirámides regulares que comenzaron a edificarse en la IV Dinastía, y alcanzará su apogeo con la gran pirámide de Keops. Luego vendrá un período de regresión a la edificación de mastabas, en la XII Dinastía se comenzará la construcción de hipogeos con pórtico abierto, y ya con el Imperio Nuevo el hipogeo se disimula por completo. Mesopotamia en cambio, tiene una concepción del “Mas Allá” dramática en dónde la vida después de la muerte sólo podía darse en el ámbito de un “inframundo” en dónde se reflejaría la vida que se había tenido en la Tierra pero de una manera más desdichada. No había recompensa eterna para los honrados y afortunados. Todos terminarían en ese “inframundo”. La literatura Babilónica ha dejado constancia de ello en la angustiosa y frustrante búsqueda de la eternidad de Gilgamesh. Los sumerios consideraban la vida como lo más preciado y la incertidumbre e inseguridad que presentaba la muerte era una amenaza y fuente de desesperanza. De allí que la manifestación funeraria de la Mesopotamia mal podía haberse encaminado como la egipcia. Si en el primer análisis dijimos que hay un sentido de progreso común que se traduce en técnicas constructivas similares para enfrentar iguales dificultades, y asimismo ya desde los Acadios las guerras enriquecían a toda una monarquía por lo que cualquier emprendimiento en un sentido funerario monumental de ninguna manera estaba condicionado ni por lo económico ni por la falta de mano de obra, no es difícil concluir que en las disímiles concepciones de la vida después de la muerte radica la fundamental diferencia entre la Arquitectura funeraria de ambas civilizaciones.








